Primero, el café verde se somete a vapor para abrir su estructura y facilitar la extracción. Este paso también puede desprender parte de la cutícula o “piel de plata”. Luego, el grano se “lava” con una solución tibia de acetato de etilo, que a esa temperatura tiene una alta afinidad por la cafeína. Tras varias tandas de extracción, se alcanza el nivel de cafeína deseado sin afectar mayormente el perfil sensorial del café.
Después, el grano se seca nuevamente hasta alcanzar una humedad cercana al 10–12%. Debido a la exposición al vapor y al solvente, en muchos procesos se aplica una fina capa de cera vegetal para proteger el grano hasta el tueste. El resultado es un descafeinado que mantiene buena parte de su dulzura y claridad, muy distinto al infame descafeinado desabrido.
